Leo
con amargura que han desalojado el hotel de Madrid ocupado por los indignados.
Muchos dirán "lógico, era un acto ilegal", pues muy bien, a éstos
decirles que, por muy ilegal que sea, el hecho de desalojar a la gente de sus
viviendas choca de lleno con el artículo 47 de la constitución, que dice así:
"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación."
Curioso cuanto menos,
que en dicho artículo se exponga que “los poderes públicos impedirán la
especulación”… sí, ya hemos visto todos como lo hacen.
Independientemente de la
legalidad o ilegalidad de las acciones, ¿cómo es posible que, mientras cientos
de personas duermen en la calle, haya miles de viviendas vacías e inhabitadas?
¿Cómo hemos llegado a esta situación de sinsentido?
En mi opinión, no es tan
difícil de explicar como nos quieren hacer creer. Se trata de algo básico, y es
que, en este sistema en el que vivimos, lo más importante no son las personas,
sino los intereses de los mercados.
Lo llaman “estado de
bienestar”, pero la verdad es que de eso tiene poco, y desgraciadamente, cada
vez menos. Nos estamos acercando a un capitalismo extremo, en el que lo único
que prospera es lo que produce más dinero, sin imponer ningún límite ético y
moral. Así, si la venta de una vivienda supone un negocio para alguien, pues al
que no tenga dinero para pagarla se la quitamos, porque no nos es rentable,
aunque le estemos condenando a vivir en la calle. Si los productos más baratos
se venden más, pues creamos una fábrica en un país que permita la explotación
infantil, ponemos a 500 niños a trabajar sin descanso durante 18 horas
pagándoles una miseria, y ya está, ¿qué más dan los derechos humanos?. Si es
más barato talar un bosque para crear papel y cartón que reciclarlo, ¿para qué
nos vamos a molestar? Lo primero da mucho más dinero. Si conseguimos más
beneficio vendiéndole al público una impresora, ordenador, movil… cada año,
¿para qué vamos a hacerlos más duraderos? Más ganancias, y al medio ambiente
que le dén.
Hemos llegado a una
situación intolerable consentida por los gobiernos, que no han puesto ningún
tipo de barrera a este libre mercado, y perpetuado por todos nosotros, que no
solemos pensar en las consecuencias de gastar aquí o allá nuestro dinero.
La libertad de mercado
en la que vivimos ha demostrado que no funciona. Un mercado sin límites ni
restricciones sólo aumenta las desigualdades sociales. Hace falta cambiar el
sistema y hacerlo más justo. No es una utopía, es el único camino a seguir si
queremos garantizar una vida digna, y éste debería ser el primer objetivo de
cualquier civilización.
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