sábado, 23 de febrero de 2013

Tres historias sobre la muerte


La invitada más esperada
La muerte es esa amiga a la que nos pasamos toda la vida esperando. Algunos planean minuciosamente como será ese encuentro, y emplean gran cantidad de su tiempo preparándose para ello. Como aquellos que se ahogan en alcohol durante años, para luego recibirla con vinito y paté de hígado. O los románticos, que llenan de grasa sus venas para luego entregarle su corazón. La muerte puede ser muy maleducada: a veces acude sin avisar, sin tan siquiera llamar a la puerta, pillándonos desprevenidos con la mesa sin servir. Otras veces se hace esperar tanto, que hay quien no puede con la impaciencia, y acaba lanzándose a su encuentro.
Toda la vida esperándola, y siempre con la misma pregunta rondando nuestras cabezas: “¿cómo será La Muerte?” Yo nunca la he conocido, pero dicen que es bella. Dicen que cuando la ves, te corta la respiración.


Carta de una niña
Estimada Muerte:
            No sé si te acordarás de mi, me llamo Laura, y estuviste la semana pasada en mi casa para llevarte a mi abuelita.
            Estoy preocupada por ella y por eso te estoy escribiendo. No sé donde te la has llevado, pero espero que haya árboles y flores, porque a mi abuelita le gusta mucho el campo.
            Es importante que le recuerdes que se tiene que tomar las pastillas, porque es ya mayor y a veces se le olvida. Mis papás dicen que no puede tomar dulce, pero yo siempre le daba un bombón por la tarde, sin que me vieran, y a mi abuelita eso le gustaba mucho. Estaría bien si tú también le dieras el bombón.
            Otra cosa que le gusta mucho a mi abuelita es jugar a la brisca. Espero que tú seas buena jugando a las cartas, porque si no, te va a dejar sin un céntimo.
            Quiero que cuides bien de ella, como lo hacía yo. Ya verás que mi abuelita es la mejor de todas las abuelas.



Se fue…
Un buen día se fue. Cerró los ojos para siempre y volvió a la tierra, para fundirse con ella, para abonarla con todos los nutrientes que habían formado su alma. Y así, súbitamente, el presente se convirtió en pasado. En sólo un instante frases como “¿quedamos para tomar algo?”, “vayamos al cine”, o “bésame” se esfumaron para siempre, dejando sólo un recuerdo. El recuerdo más bello de mi memoria.