"Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación."
martes, 6 de diciembre de 2011
El desalojo de la dignidad
jueves, 1 de diciembre de 2011
Rutina en Edimburgo
La suave cadencia de "Flowers in the window" de Travis va irrumpiendo poco a poco en mi sueño, hasta que todo lo onírico va perdiendo forma y yo me desperezo bajo mi edredón de dinosaurios que tantas noches me ha acompañado y del cual estoy tan orgullosa. Ya es de día, pues no madrugo demasiado. Este es el primer momento del día en que miro a través de mi ventana. Realmente da igual si está nublado, hay un sol radiante, hay viento o llueve… da igual, porque 10 minutos después puede haber cambiado radicalmente. Esto es Escocia. La primera frase que aprendí aquí fue "if you don't like Scottish weather, just wat 15 minutes".
Una ducha rápida, un té calentito acompañado de tostadas y me visto para salir en dirección al Forest café. Es curioso cómo nuestra memoria juega con nosotros. Así, yo apenas recuerdo que el camino fuese frío, pero lo cierto es que cada mañana desaparecía bajo mi abrigo, gorro, bufanda y guantes antes de poner un pie en la calle.
El atajo desde mi casa al Forest no es gran cosa. Son 20 minutos callejeando entre edificios grises con aspecto misterioso. A veces bajo la lluvia, otras oyendo el crepitar de la nieve bajo mis pies.
Paso por delante de los cines Odeon, en Lothian Road. Me traen recuerdos dulces y salados, de ilusión, frustración y palomitas. Frustración por no poder poner subtítulos a las películas, o por no poder pararlas y rebobinarlas. Ilusión al ir entendiendo más y más, según pasan los meses, y palomitas… bueno, es obvio, ¿no?.
Más adelante, un pintoresco callejón dibuja una suave curva para desembocar en Grass Market. Está flanqueado por edificios que simulan pequeños castillos, y en él se respira el aroma de papel polvoriento. En sus bajos hay antiguas librerías de ejemplares de segunda mano. Las estanterías se alzan por doquier, hasta los techos, y en ellas se puede encontrar de todo, desde clásicos literarios, obras sobre historia de Escocia, novelas modernas, e incluso diccionarios y métodos de idiomas para aprender esperanto.
Una vez en la plaza de Grass Market, no puedo evitar echar echar una ojeada hacia mi izquierda, para ver el castillo, que se yergue imponente sobre un antiguo volcán. Es el mayor símbolo de la ciudad. Y con motivo. Edimburgo no sería gran cosa sin su castillo, y éste no pasaría de fortaleza mediocre sin su villa.
Cruzo la plaza que, a pesar de ser tan viva por la noche, con sus bares llenos de música en directo y cerveza, durante el día es silenciosa, como si le guardara el luto a lo que fue en el pasado: el lugar donde se exhibía la horca.
Subo por una estrecha calle, y me topo con la estatuílla de Bobby, homenaje a la fidelidad de un perrillo que vivió catorce años junto a la tumba de su amo.
En dos minutos ya estoy enfrente del Forest café. Un sentimiento de paz me embarga por dentro. Abro la puerta y el calor me envuelve, empañándome las gafas. Tras limpiármelas, saludo a Briggett, Bastian y Margarida, que ya están allí. Porque en este lugar, el aire no es lo único cálido, son las personas que trabajan allí y las que lo frecuentan, quienes lo hacen así de acogedor. Tanto que me siento como en casa. Me pido un capuchino y me siento en una de las mesas al lado de la pared. Rodeo con mis manos la taza dejando que el calor de ésta me recorra todo el cuerpo al tiempo que el aroma del café recién hecho me inunda los sentidos. Reconozco la música que suena, es esa especie de mezcla entre ritmo alternativo y sonsonete del tetris tan característico de este lugar.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Encontrarse a uno mismo
“Encontrarse a uno mismo”. ¿es un tópico?¿una frase hecha?¿qué quiere decir “encontrarse a uno mismo”?¿Acaso no nos conocemos? Después e todo, ¡llevamos toda nuestra vida con nosotros mismos!
De niños, todos somos soñadores. Vivimos de ilusiones puras, porque nada es imposible. El futuro entero está a nuestros pies y en nuestra pequeña mente cabe todo. No podemos concebir que algo sea inalcanzable… hay tiempo para todo.
Pero el tiempo pasa. Vamos creciendo y amoldándonos a lo que nos rodea. A nuestra vida, a nuestros estudios, al trabajo, amigos, familia… Muchas veces ni siquiera tenemos tiempo para pensar lo que estamos dejando atrás, para reflexionar si hay alguna parte de nosotros mismos que estamos olvidando, que estamos dejando que el paso de los años lo entierren, en lugar de luchar por ello. Es simplemente inercia. Como cuándo hace mucho que no ves a un amigo, y de pronto, un día te acuerdas de él y piensas “¡parece que fue ayer!¿cómo es posible que hayan pasado ya 10 años?”
Por eso “encontrarse a uno mismo” no es fácil. Hay que buscar dentro, en la profundidad, y lo más difícil, es encontrar el camino.
Hasta que un día, un inocente comentario, puede que de alguien especial, se te clava tan hondo que remueve todos los cimientos de tu existencia. ¿Cómo puede una frase sencilla producir tal efecto? Hay palabras que llegan directamente a ese “uno mismo” que habíamos olvidado, y en un torbellino de sensaciones, sacan a la luz esa ilusión de la infancia. Y puede que ese día, tu vida cambie para siempre…
jueves, 20 de octubre de 2011
El 15M en Edimburgo
Recuerdo con mucho cariño mis días en Edimburgo. Uno de los hechos que recuerdo con particular emoción, es el impacto que tuvo el 15M. Apenas unas semanas antes había tenido una conversación telefónica de esas reivindicativas con mi madre. Ella se acababa de leer el libro “Indignaos”, de Stephane Hessel y se preguntaba porqué en esta sociedad de la “caja tonta” y el mando a distancia toleramos todo lo que los políticos nos hagan sin siquiera alzar la voz (¿quién dijo que con la edad uno se vuelve más conservador?).
Pocos días después leo en Internet, con emoción, que el pueblo ha despertado. A partir de ese momento no pude desconectar de la red y de todas las noticias que me llegaban acerca del movimiento 15M. Y la respuesta escocesa no se hizo esperar. Al igual que en decenas de países, los españoles en Edimburgo se empezaron a mover. Apareció un grupo de facebook llamado “ENDinG BurGuEseS” y se organizó así una manifestación, al día siguiente, enfrente de la embajada española. Personalmente me sentí muy orgullosa al ver un grupo tan numeroso de gente luchando por la causa, a pesar de estar lejos de nuestro país. No olvidemos que muchos de los que allí están es porque han emigrado a Reino Unido en busca de un trabajo que no encontraban en España.
Pero eso fue sólo el principio. Paralelamente a lo que estaba sucediendo en España se empezaron a organizar asambleas, actividades de protesta e incluso manifestaciones semanales. El movimiento se hizo eco y pronto se nos unieron griegos e incluso escoceses, que nos veían como un ejemplo a seguir.
A pesar de todo esto, recuerdo que me sentí fuera de lugar. Mi voz estaba allí, pero mi corazón estaba en Sol. Creo que todos nos sentíamos un poco así, y por eso hicimos todo lo que pudimos para que se nos oyera incluso estando en Edimburgo. Yo me volví a España hace un mes, pero hasta donde yo sé, el 15M sigue vivo también en Escocia.